LUCES DE NEÓN


Las luces de neón consisten en lámparas de descarga de cátodo frío que, empleando neón enrarecido y otros gases, producen luz a partir de la corriente eléctrica. Se trata de uno de los sistemas de iluminación eléctrica más antiguos que se utilizan actualmente, siendo uno de los precursores de la iluminación fluorescente. Existen en dos formatos distintos, los tubos de neón, patentados por el francés Georges Claude en 1910, y las lámparas (o lamparillas) de neón, que son una adaptación de 1917 del estadounidense Daniel McFarlan Moore de esta tecnología a un formato más pequeño y compacto, como ocurriría años después con el desarrollo bombillas de bajo consumo a partir de los tubos fluorescentes.


Los tubos de neón son tubos de cristal sellado, con un electrodo metálico en cada extremo, llenos de gases a baja presión. La composición de las lamparillas es similar, con un bulbo o cápsula también de cristal y dos electrodos en su base.  Su funcionamiento es simple: cuando un voltaje suficiente es aplicado al sistema, éste calienta los electrodos, los cuáles ionizan los gases del interior, proceso mediante el cuál se éstos emiten por fluorescencia luz de distintos colores


Estos colores dependen de los gases presentes en el interior del tubo o lámpara, ya que aunque se les llame luces de neón, debido a que éste fue el primer gas en ser usado en las mismas, muchos otros gases son usados para producir colores distintos. Por lo general, el neón produce tonalidades rojas, naranjas y rosas intensas; el helio, gris, naranja rojizo o amarillo; el argón, malva o lila; mercurio y el xenón, diferentes tonos de azul; y el kriptón y el dióxido de carbono, blanco. 


Para conseguir aún más colores y tonalidades, se suelen mezclar diferentes proporciones de estos gases y/o de fósforos. Estos últimos son compuestos químicos que emiten luz visible al exponerse a una radiación ultravioleta, que se encuentran recubriendo el interior del tubo de cristal. 


En el caso de emplearlos, su uso debe combinarse con el de una gota de vapor de mercurio, que al ionizarse emite luz ultravioleta, provocando que los fósforos puedan desprender su coloración característica. Por lo tanto, la composición más empleada para emitir una gran variedad de colores consiste en combinar neón con un poco de argón, una gota de vapor de mercurio y los fósforos pertinentes. 


Los tubos de neón han sido usados comúnmente como letreros desde la década de 1920, gracias a su luminosidad y coloración llamativa, muy útil a la hora de hacer anuncios y señalizaciones que llamen la atención, decayendo su uso para estos fines poco a poco desde mediados del siglo XX. Por otra parte, las lámparillas de neón han sido empleadas durante décadas sobre todo como indicadores en distintos equipos y paneles, hasta que paulatinamente han sido sustituídas por la iluminación LED, mucho más eficiente. En la actualidad, aunque aún se emplean en menor cantidad tubos de neón en letreros, son más frecuentemente utilizados como elementos artísticos o decorativos. Aún así, la tecnología de la iluminación de neón se ha aplicado y modificado para dar lugar a las pantallas y televisores de plasma, sistemas muy extendidos por todo el mundo y en pleno auge.